Géneros maltratados

30/05/2020

Uno de los mayores problemas que he visto por ahí respecto a la literatura de género (para los que no lo entendáis: fantasía, terror y ciencia ficción) es que se la considera como literatura menor. Son géneros marginados por muchos y calificados como poco serios. Eso sí, todavía no he escuchado a nadie dar argumentos que lo justifiquen sin sonar condescendientes, pedantes o, directamente, estúpidos.
Yo tengo poco recorrido en este mundo (de momento, estos solo son los primeros pasos de una carrera plagada de fama, riquezas y extravagancias; tiempo al tiempo) y todavía no me ha pasado, pero sé que una de las preguntas que más le hacen a compañeros y compañeras que escriben este tipo de historias es la siguiente: ¿cuándo vas a escribir algo de verdad?

Nunca te las des de superior frente a un amante de la literatura de género. ¡Conoce muchas formas de hacerte pagar tu osadía!

Esa simple pregunta, que puede parecer incluso graciosa, esconde un problema de bastante gravedad. Porque parece ser que, para la gente «culta», la fantasía, la ciencia ficción y el terror (y el thriller, y la erótica, y el humor) son meros entretenimientos que no merecen la pena ni ser valorados. ¡Como si la lectura debiera ser solo profundidad, reflexiones y crítica! He visto alguna ocasión en que, para enmascarar alguno de estos géneros, los han rebautizado con nombres más rimbombantes para que no se los tome por frikis. Porque hablar de ficción especulativa, por poner un ejemplo, parece que tiene más empaque, un mayor nivel, lectura no apta para aquellos que solo buscamos disfrutar de una buena historia; sin embargo, es una manera velada de definir a la literatura de género sin utilizar tan denigrantes palabras.
Hay quien se jacta de no haber leído
El código Da Vinci y se siente superior a aquellos que sí lo han hecho y lo han disfrutado; otros (tal vez los mismos) alardean de haber leído grandes clásicos de la literatura universal (la Iliada de Homero, Ana Karenina de Tolstoi, Orgullo y prejuicio de Jane Austen) y de descifrar las crípticas y profundas filosofías que ocultan entre sus páginas; hay quien presume de que sus lecturas son pequeñas joyas  incomprendidas solo por el mero hecho de no ser comerciales. Por norma general, esta gente que tanto se vanagloria de su intelecto, olvida (a veces de manera consciente) que muchas de estas obras son de fantasía o ciencia ficción. Porque, ¿en qué género encuadraríais la mitología de la Iliada?
Claro que hay literatura más seria, y no es menos cierto que tiene su público y que merece gran respeto; pero ese mismo respeto lo merecen las historias de invasiones extraterrestres y viajes en el tiempo, de mundos mágicos y criaturas fabulosas, de monstruos aterradores y fantasmas atormentados.

¿Se considera a esta obra como literatura menor? Porque el realismo mágico también es fantasía

Pero la condescendencia no es una cualidad que solo pueda atribuirse a esa gente «culta» que he mencionado antes. Dentro del resto de géneros «no serios», hay un tipo de literatura que debe soportar que la miren por encima del hombro de manera constante. Esa es la literatura juvenil.
La literatura juvenil sí que está considerada como género menor. Por poner un símil, la literatura seria son unos padres estrictos que nunca sonríen y a los que hay que tratar de usted; la literatura de genero son los hijos, esos que han superado la peor y más rebelde época adolescente y ya empiezan a tener algunos comportamientos adultos; y la literatura juvenil serían esos niños que siempre corretean detrás de sus hermanos mayores, fingiendo haber crecido y dando el coñazo hasta extremos insospechados.
Por supuesto, esa comparación que acabo de exponer es un gran error y una soberana tontería. Para empezar, la literatura juvenil no es un género, sino una etiqueta; se refiere más bien al público principal al que va dirigido. Otro sinsentido de lo dicho es que finge haber crecido, y no; no es un adulto a medio hacer, está formado del todo, con sus cosas buenas y sus cosas malas (vamos, como todo en este mundo). Tampoco persigue la estela de lo que no es juvenil, ya que cada obra tiene su propia identidad. Y desde luego que no es molesto, porque si un libro juvenil se queda mirándote fijamente pidiendo de forma constante que lo leas… no es culpa del libro, sino tuya, que quieres leerlo y no lo haces por no contradecir ciertas convicciones.
Y, a todo esto, ¿qué es la literatura juvenil? En realidad yo no tengo una respuesta para ello, más allá de decir que el grueso de su público objetivo es gente joven (algo totalmente subjetivo; yo no pienso dejar de ser joven hasta que cumpla los 60 años, y ese día me plantearé otra edad a la que dejar de serlo). Otra posible respuesta es que la literatura juvenil es aquella en la que los protagonistas pasan por edades y circunstancias respecto a la vida (los cambios en uno mismo, el paso a la madurez, la actitud frente a las adversidades, la sexualidad y el romanticismo, etc) con las que el lector joven se pueda identificar. Eso, amigos míos, no quiere decir que gente de otras edades se identifique o que los jóvenes no puedan hacerlo con otro tipo de obras. Precisamente ahí radica la magia de la lectura y, por supuesto, de la variedad de gustos.

El Mar quebrado, la trilogía de Joe Abercrombie, está  considerada como literatura juvenil

Bueno, con todo lo dicho, espero que no discriminéis vuestras próximas lecturas y que las valoréis directamente según vuestros gustos y no por lo que otros puedan pensar sobre lo que leéis. Como siempre, os invito a que dejéis vuestras opiniones sobre lo que he contado en este artículo, que es un tema muy amplio y jugoso. Y si os ha gustado, no dudéis en suscribiros al boletín mensual. ¡Nos vemos!

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