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¿Qué tiene de especial el terror?

15/11/2018

Puesto que este es el sitio de alguien a quien le gusta el género del terror, y ya que esa misma palabra aparece en el título de la web, no he encontrado mejor manera de estrenar esta sección que haciendo una reflexión sobre el tema. Porque, ¿qué lo hace tan especial? ¿Por qué nos gusta leer esas novelas de fantasmas cuando estamos a solas en casa? ¿Quién en su sano juicio paga una entrada de cine, al precio que está, para pasar miedo viendo una película?

Para empezar, hay que decir que el género del terror es muy amplio, quizás demasiado: posesiones y exorcismos, asesinos en masa que no mueren, casas encantadas, muertos que vuelven del más allá para cobrar venganza, objetos malditos, seres monstruosos provenientes de antiguas leyendas, vampiros, zombis, hombres lobo, etc.; y esto contando solo con lo sobrenatural y sin meternos en asuntos más terrenales como secuestros, torturas y asesinatos.

También es cierto que no a todo el mundo le da miedo lo mismo. Hay quien se va por la pata abajo cuando ve una película de payasos asesinos, y en cambio no sienten más que un ligero escalofrío con una obra maestra de casas encantadas. También está la gente que apenas nota nada cuando ve una película, pero enfrascarse en una novela de Stephen King les provoca pesadillas durante semanas.

Hay que reconocer que los que gustamos del terror lo hacemos en situaciones controladas; sabemos que es imposible que ese monstruo diabólico salido del averno no se va a materializar delante de nuestras narices cuando cerremos el libro que con tanto detalle lo describe; ni que esa niña maligna que escala por el pozo va a atravesar la pantalla del televisor para acabar con nosotros, al menos no fuera del argumento de la película.

Ahí puede estar la clave de por qué nos gusta pasar miedo. Conscientes de nuestra seguridad, esa tensión que se va acumulando en nuestro interior hace que el cuerpo segregue esas sustancias que nos hacen sentirnos exultantes, como puede ser la adrenalina. Lo mismo le pasa a los que practican deportes de riesgo: puede que ellos no se den cuenta, pero sus cuerpos sí sufren el miedo, de ahí que sean adictos a la adrenalina.

No puedo hablar por los demás, pero bajo mi experiencia creo que lo que más atrae a la gente del terror es el hecho de explorar esas zonas desconocidas: la muerte, el más allá, otros seres desconocidos.

También resulta atrayente la posibilidad de disfrutar, a través de otros, de experiencias que uno nunca admitiría que le gustan: matar a un enemigo, vengarse de un amigo, infligir sufrimiento a un desconocido por el mero hecho de poder hacerlo. Yo nunca torturaría a nadie, al menos de momento no me he visto en la necesidad de hacerlo pero, ¿quién no ha fantaseado con partirle una pierna al abusón del colegio, con clavar agujas bajo las uñas al que te quitó el primer puesto en el concurso de tartas, con prenderle fuego a la amiga que se enrolló con el chico que te gustaba? Hay quien no se atrevería siquiera a pensarlo, pero goza leyendo o viendo en la pantalla cuando un personaje sufre esas atrocidades.

El del terror es un mundo que se disfruta porque se sabe que no es real, que lo que hay del otro lado no nos salpicará. Sí, es malo, pero yo no soy el que se porta mal, soy un simple espectador que lo pasa bien con una pizca de sufrimiento ajeno.

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